¿Qué hace una biblioteca en un efector de salud?
En esta nota recuperamos la experiencias de los espacios de biblioteca dentro de dos instituciones de salud. En estas líneas se muestra la potencia de estos espacios en nuestro hospital y en el Centro de las juventudes, ubicado en calle Caputto.
Al final del pasillo de abajo, frente al Área de Comunicación del HESM, está nuestra biblioteca Marisa Wagner. Un espacio que cumple su primera década, en el que se puede jugar, leer, mirar películas, escuchar música o simplemente permanecer. Es de todo aquel que desee habitarla, tomar unos mates, tener una reunión, conocer nuevas historias, narrar las suyas, escabullirse un momento entre libros, sillones, CDS y un mural cuyo azul prevalece, aloja y tranquiliza.
10 años que vuelan, pero que no pasan desapercibidos y que llevan consigo las tantas personas que han pasado y que circulan actualmente por la biblioteca. A la que nos gusta pensarla como un dispositivo más dentro de un hospital de salud mental, un espacio terapéutico sostenido por profesionales de la salud que escuchan y acompañan; que muestran otras posibilidades de atender los procesos de salud, que acercan a quien llega a conocer un poco de la historia de Marisa Wagner, poetisa que escribió Los montes de la loca, al cual se puede acceder en nuestra biblioteca, donde cuenta un poco lo que significa ser usuaria en una institución similar a la nuestra y cómo se juegan las subjetividades y la literatura en un contexto como tal.
En las instituciones públicas los espacios nunca sobran, siempre son codiciados, demandados y disputados. Física y simbólicamente, que hace una década se haya decidido que este lugar fuera destinado a una biblioteca, la cual se sostuvo durante todos estos años y que se fue armando a pulmón (los CDS, libros, juegos y películas son donaciones), tiene que ver con posturas políticas, de poder y una perspectiva de derechos que nunca se dan por sentados y a los que debemos volver para sostener y no perder.
Celebramos nuestra biblioteca Marisa Wagner, a todas las personas que han pasado por ella: usuarios, trabajadores, residentes, quienes han donado y así ayudado a construirla; quienes se han acercado a conocerla, a mostrarla, a recomendarla, a mirarla. La biblioteca es una de las burbujas en medio de tanto ruido, es un dispositivo en el que se cuida y se genera salud. Es un lugar de pertenencia para tantos, una mancha de color en el medio de tanto gris. Y a quienes aún no la conocen, la biblioteca Marisa Wagner los espera.
La experiencia de la Biblioteca Comunitaria del Complejo Integral de Salud Comunitaria
La Biblioteca del Complejo Integral de Salud Comunitaria, dependiente del Ministerio de Salud de Entre Ríos, nace como una propuesta articulada entre las tres instituciones y dispositivos que componen dicho complejo: el CAPS Newbery, el Equipo de Abordaje Intersectorial de Niñez y Familias y el Centro de Salud Mental de las Juventudes. Surge con el objetivo principal de construir un espacio de encuentro y generación de proyectos, en el marco de lo que concebimos como salud integral y estrategias de cuidado de la comunidad.
La Biblioteca del Complejo es un proyecto que busca romper con las lógicas formales e instituidas de las instituciones de salud, así como entretejer la lectura, la escritura, la cultura, el juego, como parte de los procesos de salud y cuidado. Fortalecer un espacio cultural como es una biblioteca, permite abrir nuevos horizontes, fomentando así la circulación de historias, oportunidades de exploración y creaciones narrativas.
En el marco de la estrategia de Atención Primaria de la Salud, la Biblioteca se pretende como un espacio de referencia para la comunidad del barrio y quienes circulan en el Complejo, a fin de estimular la imaginación, la creatividad, la escritura, la lectura, nuestro propio vocabulario, las relaciones sociales, el conocimiento y el sentido crítico. Asimismo, fomentar actividades que nos permitan, como equipo de salud, generar estrategias de promoción, prevención y cuidado de la salud.
Tal como lo considera Michele Petit (1999), “un camino privilegiado para construirse uno mismo, para pensarse, para darle un sentido a la propia experiencia, un sentido a la propia vida, para darle voz a su sufrimiento, forma a los deseos y a los sueños propios” (Petit, 1999: 18), consideramos que el lenguaje escrito aporta la elaboración de una representación más rica de sí, más compleja, que aleja a los jóvenes de ciertas identidades violentas y masificantes, fijas y detenidas en una imagen.
La Biblioteca del Complejo pretende habilitar un ámbito que acompañe y propicie la ampliación del universo simbólico de la población que asiste, trabaja y circula por el Complejo Integral de Salud Comunitaria.
Además, el espacio busca insertarse en la Red Interinstitucional Sureste de Paraná, conformada por escuelas, organizaciones comunitarias, asociaciones civiles, instituciones públicas, equipos técnicos y vecinos y vecinas.
De esta manera, intentamos garantizar, como lo establece la Ley 23.351, el derecho a la información; y el fomento de la lectura, la investigación, consulta y recreación, creación y difusión de la cultura y educación permanente. Y lo mencionado en la Ley Nacional de Salud Mental Número 26657, respecto de la implementación de dispositivos de promoción y prevención en salud mental.
Historias que nos definen
Consideramos a la Biblioteca Comunitaria como un espacio que da continuidad a experiencias de trabajo que se han venido desarrollando a lo largo de los años, por parte de las instituciones que forman parte del Complejo.
Durante 2004 y hasta 2023, funcionó en el Centro de Salud Mental de las Juventudes (ex Casa del Joven), el Taller “Manos a las Letras”, destinado a jóvenes. El mismo tenía por objetivos contribuir a ampliar el universo simbólico de las y los asistentes; propiciar y sostener el proceso creativo de escritura, aportando algunas herramientas facilitadoras; trabajar en una publicación anual que incluya las producciones de los jóvenes talleristas; y generar espacios de diálogo y desarrollar estrategias de intervención junto a las instituciones educativas, en torno a la lectura y escritura en los jóvenes. A partir del desarrollo de este taller, se comenzó a armar una pequeña biblioteca, con la donación de distintos libros de literatura universal. Espacio que se ha venido resignificando en función de pensar nuevas propuestas para usuarios que ya formaban parte y nuevos usuarios.
Por su parte, el Centro de Salud Jorge Newbery ha ido generando estrategias en el tiempo que han tenido como finalidad fomentar la lectura y fortalecer los vínculos en la familia por medio de esa actividad. En el año 2015 se llevó a cabo un proyecto denominado “EsperArte”, que se sostuvo por dos años, donde se trabajaba en sala de espera en el momento de atención pediátrica. La idea era brindar atención y acompañamiento desde el momento que llegaba la familia al Centro de Salud, y hacer del tiempo de espera un momento que permitiera la interacción y la intervención del equipo de salud mental. En dicha instancia se abordaba de manera lúdica la lectura de cuentos, historietas y comics que permitían trabajar sobre temas vinculados al cuidado integral de la salud. A través de dicha experiencia es que el Centro de Salud realizó una importante compra de libros didácticos, lúdicos, de lectura y aprendizaje destinado a las infancias. Con dicho material se ha venido trabajando en las consultas y en los espacios grupales fomentando la lectura y el aprendizaje.
Tiempo después, el equipo del Centro de Salud, retoma la idea del proyecto original para trabajar en sala de espera, también en el tiempo de atención pediátrica, con la particularidad de contar con el compromiso de una vecina que voluntariamente se ofreció para acompañar la espera leyendo cuentos y narrando historia a niños/as y a la familia que espera su turno para ser atendidos/as.
Asimismo, el Equipo de Niñez y Familia contaba con un baúl de libros que actualmente es utilizado en un espacio de juego y como insumo literario para las estrategias de abordaje. Este Equipo comenzó a participar activamente de la construcción de la Biblioteca, a partir de una inquietud por ofrecer a las infancias un espacio de mediación y promoción de la lectura.
En la confluencia de estos tres espacios institucionales es que nace nuestra Biblioteca, a partir de una red de intereses y deseos que se expresaron en una propuesta significativa tanto para los equipos como para quienes con el tiempo empezaron a formar parte de nuestra comunidad de socios y socias.
Misceláneas
Un joven del barrio se acerca discretamente a devolver un libro satisfecho con su lectura, solicitando otro ejemplar del mismo autor. Dado que la biblioteca no contaba en ese momento con lo solicitado, acordamos que desde este equipo intentaríamos conseguirlo en nuestras colecciones personales. Seguidamente, se le invita a buscar otros libros de su interés, pero el joven se muestra reticente enfocándose en la espera de otro del mismo autor. La profesional que dialogaba con él, le interroga acerca de qué específicamente le había gustado del libro leído, a lo cual el joven responde que le había atraído el modo de abordaje del suicidio. Tal respuesta detuvo el trabajo de la profesional a cargo para propiciar la continuidad de la charla, lo cual abrió una instancia de diálogo en la que el joven pudo explayarse acerca de sus condiciones de vida y de su trabajo. Este joven encontraba en la lectura un modo de ver el mundo y habitarlo; y, a través del diálogo propiciado, la profesional pudo vislumbrar que su estado general era de vitalidad ante su situación laboral y de su vida en general. De no ser así, desde el dispositivo de biblioteca se le habría ofrecido la posibilidad de sacar un turno para su asistencia psicológica y/o de trabajo social, entre otras intervenciones.
En otro momento, una tía joven asiste con su sobrino - aproximadamente de 7 años- tras haber sido asistido por profesionales de la Psicología y la Psicopedagogía. En el espacio de biblioteca, esta tía encuentra un lugar para que el niño pueda realizar las tareas de la escuela. Mientras, la profesional que ejerce la función de bibliotecaria se encuentra atenta a lo que ocurre entre ellos, quienes ocupan las alfombras y almohadones a pocos metros. Durante ese tiempo, el niño se rehúsa a la realización de las tareas y comienza a agredir verbalmente a la tía. En la Biblioteca, ocurren situaciones que pueden ser leídas como parte de un proceso, de modalidades de expresión de usuarios y usuarias que quizás no ocurren en el encuadre que ofrece un consultorio.
En el mientras tanto de esas escenas, un grupo de adolescentes se reúne a conversar en la Biblioteca, esperando que comience el taller en el que participan; una niña se divierte con los juegos reglados que dispone este espacio, al tiempo que su mamá hace la fila para pedir un turno en el centro de salud; una joven busca un libro y se acomoda en el sillón.
El trabajo diario se desarrolla en torno a brindar inclusión y hospitalidad a las y los usuarios y usuarias que se acercan a la biblioteca. Una forma de recibirlos es la invitación a buscar libros que pueden ser de su interés, o juegos y lápices para dibujar en el caso de las infancias. Todos son convidados a asociarse a la biblioteca, llevándose prestados los libros que quieran seguir leyendo.
La biblioteca pensada como un espacio “otro” en que las infancias, adolescencias y adulteces, puedan transitar un tiempo de recreación, ocio o juegos. Un espacio transicional “entre” el afuera y los consultorios de salud, los talleres a los que asisten, las escuelas; una deriva instituyente, una línea de fuga que se sustrae de aquel mandamiento del “silencio es salud”. Aquí la salud es murmullo, cuchicheos, palabras que van y vienen, son leídas y escritas, conversadas, animadas.